Las crisis económicas son las madres de muchas desgracias personales y sobre toda de muchas pobrezas “sobrevenidas”. Cada día amanece de la mano de un drama nuevo, que nos muestra los puntos más débiles de nuestra sociedad, dibujado en una persona o en un grupo. Uno de ellos, que está alcanzando unos niveles insostenibles socialmente, es la tragedia de los desahucios. Por razones distintas, en mi ex trabajo y en una época de mi vida que colaboré en Cáritas, he tenido la triste oportunidad de ser testigo, en más de una ocasión, de alguna situación de desahucio. Circula en ambos ambientes una famosa y típica expresión urbana que dice: “En la puta calle”. Esta frase recoge toda la fuerza y todo el drama (inimaginable para quiénes, por suerte, no lo sufrimos). Pues eso, quedar en la puta calle; sin más. Como si todo hubiera acabado. De pronto, a quién lo padece, le surgen problemas tan simples como donde guardar nuestras cosas más intimas; nuestra historia. No tiene un espacio propio donde estar. Estas cosas no nos las imaginamos y lo triste es que es muy fácil llegar a ello. A título ilustrativo os cuento una anécdota de una pareja que conocí en Cáritas. Ambos eran “Sin Techo” y solían quedarse a dormir en un refugio para los “Sin Techo”, en el que los hombres dormían en una sala y las mujeres en otra. Pues bien, esta pareja vino a verme un día y me dicen si les puedo ayudar para ir a dormir una noche a una pensión, porque no tenían sitio o espacio para “hacer el amor”. Algo que nos parece tan sencillo, o que se limita a un espacio en el recuerdo de mozo, como es tener una relación amorosa con tu pareja, de pronto, así, de golpe, es muy complicado hacer. Es terriblemente duro saber que llegan las 10 de la noche y no tienes a donde ir. No tienes espacio donde guardar tus fotos, tus cartas…
Las víctimas de los desahucios de hoy son, la mayoría, personas (doy fe) que cuando firmaron la hipoteca (la que algún vendedor de Agencia Inmobiliaria “le enchufó” argumentándole que la cuota del mes era como un alquiler) le dijeron que como su piso iba a valer en el futuro un montón, le incluían los gastos de la operación, la tv, los muebles… Cuando firmaron la compra e hipoteca, es cierto que el notario le leyó las condiciones, música y letra que algo le sonaba al matrimonio firmante lleno de ilusión, porque el vendedor de la agencia y el director de la oficina bancaria ya le habían contado lo que diría el fedatario público y eso de la responsabilidad hipotecaria, la tasación, la falta de pago y demás historias, no eran importantes. Firmaban con la sonrisa y nervios de haberlo conseguido, y aún encima le daban las gracias al de la agencia (cobró comisión por todos los lados), al del banco que cumplía, un día más, sus objetivos y al notario que le cobraba una bonita factura. Así se hacía.
Resolver esta situación, en muchos casos temporalmente y en la gran mayoría no se podrán solucionar a medio plazo, no es fácil. Los bancos, por normas de los ínclitos responsables del Banco de España, tienen unas normas muy duras con las situaciones de “mora” (retraso en el pago). Mientras dura la mora, los importes totales debidos por el moroso (aunque otras situaciones de deuda estén al día), repito: todos, vencidos y no vencidos han de aparecer como riesgo y por lo tanto han de efectuar las oportunas provisiones que lastran el balance como si ya hubieran perdido las cantidades prestadas. Evidentemente los bancos no están por la labor de soportar más pérdidas y al ejecutar la hipoteca, cambian una pérdida por una propiedad. Evidentemente es muy distinto a la hora de presentar resultados.
Como deducirán, caminos hay para aliviar y dar tiempo a que escampe el temporal de la crisis.
No hay comentarios:
Publicar un comentario